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La Taconuda de la Calle del Biombo

Era pasada la una de la mañana, cuando Don Santos Ramos, vecino de la calle Colón, propietario de la tienda de ropa y mercería "La Estrella de Oro", oyó el sonar de unos tacones de mujer en la banqueta, los pasos venían del callejón del Padre Eterno, al acercarse a ver supuso que iban a pasar frente a su casa las personas que hacían ese ruido. Había Él estado tomando toda la tarde, como era costumbre los jueves, día que se acostumbra cerrar los comercios por las tardes, envalentonado por su borrachera dijo a los de su casa: "Voy a ver a esa taconuda, a ver que quiere". Y dicho y hecho, salió a la calle y caminó rumbo a donde se oían los pasos; su familia lo vio salir ofuscado y pasados unos minutos lo vieron regresar blanco de miedo y sin poder hablar, hasta lo borracho se le había quitado, no pudo decir a los ahí presentes que había visto.

Afuera se escucharon los pasos de la taconuda alejarse con rumbo al callejón del Padre Eterno y, aunque trataron, nadie se atrevió a salir para ver quien era; aunque en la mente de todos pasó la idea de la taconuda. La ahora calle Colón, se llamaba calle del Biombo, que servía de atajo para ir del centro de la ciudad al puente grande o de Batanes, era camino obligado para los caminantes y viajeros quines iban hacia Michoacán; por ello, en esta calle se habían establecido dos mesones: "El Mesón de San Juan", cuya entrada era donde hoy están las oficinas de La Cámara de Comercio; y el "Mesón Doña Josefa", donde ahora se realizan eventos sociales, propiedad de la familia Guerrero.

Como en todo lugar de estas características había un gran número de prostitutas, quines se ofrecían a los viajeros y los transeúntes, estas damas vivían en su mayoría en el callejón del Padre eterno, donde convivían con tahúres, ladrones y mal vivientes. Ahí se cometían todo tipo de ilícitos y crimines. Entre dichas prostitutas había una mulata muy bella, llamada Juana, quien se enamoró de un rico viajero, quien se acostumbraba alojar en el mesón "San José", más que el cuerpo, le entregó todo su amor y pasión, provocando enojo en su protector, con quien vivía, y el padrote mató al rico viajero, Juana, al tratar de de defenderlo también perdió la vida. Su alma no ha encontrado descanso, y en ocasiones hace el mismo recorrido de la calle Colón al callejón del Padre Eterno, pues no pudo ir ni al edén ni al averno. Y quien sabe, quizá algunos borrachos que salen de los bailes del mesón Doña Josefa la hayan encontrado.



Texto del Libro: “Leyendas, Cuentos y Narraciones de Salvatierra” Miguel Alejo López. Cronista de la Ciudad de San Andrés de Salvatierra. Retomado del Sitio SalvatierraXXI: Tec. Ismael Zamora. Video  MVR Salvatierra Teatralizados por Turismo Mágico: Promotores Turísticos de Salvatierra, Guanajuato, México.

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